La corrupción es una hija bastarda producto de la unión entre una gran cantidad de dinero del sector privado y el bolsillo de un político o aspirante a un cargo. El propósito que cumple este dinero es adelantar legislación, permisología o la otorgación de contratos que benefician económicamente al donante de forma directa o indirecta y todo esto detrás de la máscara de un ideal político. La defensa de estos ideales es el tape perfecto que le permite a estos empresarios dar grandes cantidades de dinero para campañas políticas (a veces a través de terceros para aportar más de lo permitido por ley), aparentando así tener una motivación basada en ideología y no en remuneración económica. Sin embargo, a la mayoría de estos grandes empresarios del país se les ve la costura cuando le donan por igual a candidatos de ideologías opuestas para así asegurar ingresos excesivos para sus empresas sin importar quién gane o con qué fin ideológico.
Es de aquí que nacen, entre otras cosas, la privatización, los asesores de más de $10,000 mensuales, la legislación para proteger a las grandes corporaciones, los bajos impuestos para la clase alta del país y la entrega de contratos sin necesidad de ir a subasta pública o adjudicados a un postor que no es ni el mejor ni el más barato, sino el que más dinero le donó a la persona correcta. Y todo esto en contra de los intereses de la clase trabajadora que somos la mayoría.
Aunque es vital para la economía que la empresa privada genere ingresos, eso no quiere decir que los tiene que generar de las arcas del pueblo de Puerto Rico ni a base de la explotación. Este abuso contra los trabajadores ha sido legalizado por políticos comprados que con legislación aumentan ridículamente los márgenes de ganancias para los empresarios millonarios y le reducen los beneficios y derechos a los que sudan esos ingresos. Las empresas privadas deberían estar limitadas a generar sus ingresos únicamente del sector privado y hay que quitarles el permiso de explotar a sus trabajadores. Además, el gobierno de Puerto Rico nunca debe ser responsable de hacer millonario a nadie, mucho menos cuando la situación de la clase trabajadora es tan precaria. Hay alternativas para esto y no son realmente complicadas, aunque va a tomar tiempo, trabajo y sacrificio, no es imposible. La clase trabajadora ya se ha sacrificado mucho y por demasiados años con el fin de proteger el estilo de vida de los ricos y es hora de cambiar el disco y bailar a otro son.
Tenemos que trabajar hacia la eliminación paulatina de los contratos millonarios que tiene la empresa privada con el gobierno. Tenemos que empezar a crear agencias que puedan hacer los mismos trabajos y dejar de pagar precios astronómicos cada vez que se cualquier cosa con el único propósito de hacer millonario antes de las próximas elecciones a algún amigo o donante millonario que ayudó a financiar la campaña anterior. Esto le ahorraría al gobierno miles de millones de dólares del pueblo que se pueden traducir en mejores sistemas de educación, salud, vivienda, retiro, y en la implementación de nuevos programas que cubran las demás necesidades básicas del pueblo.
Usaré como ejemplo una de las industrias más controversiales sobre este asunto. Imaginémonos que existiera un partido que además de no aceptar donativos privados, tampoco utilice a ninguna agencia de publicidad para hacer su campaña, y que decida emplear con el dinero que le toca del fondo electoral al mismo equipo creativo y demás empleados necesarios para correr una campaña política. A esta decisión le podemos sumar la ventaja de que este equipo solamente se dedicaría a la campaña del partido y no a diez clientes más, haciéndolo así diez veces más productivo. Partiendo de esta premisa, ya estamos eliminando las ganancias de los dueños de la agencia que se traducen a millones de dólares. Aunque podría existir el caso de que algunos dueños de agencias estén haciendo estas campañas sin ganarse ni un centavo ahora, eso solamente quiere decir que han convertido la batalla política local en un gran casino en el cual le están apostando a un candidato que si gana, los millones llegan después del bolsillo del pueblo. Este casino paga en grande. En este casino la casa siempre pierde y la casa eres tú, el que trabaja como un loco para pagar sus impuestos y que después no le sobra ni para ir al cine. Todo esto para que los empresarios millonarios que le donaron a la campaña de fulano o mengano puedan pagar sus yates, aviones, mansiones y vacaciones de tres meses por los lugares más caros y exóticos del planeta. El punto es, que si no hacemos contratos con el diablo no tendremos que pagar con el alma más tarde. Imaginémonos también que este partido llega al poder y que como no le debe favores a nadie, no le otorga contratos millonarios a ninguna agencia de publicidad. Este nuevo gobierno, contrario a lo acostumbrado, contrata directamente y crea un departamento a cargo de la publicidad necesaria para promover en el exterior las industrias importantes para el país como las de turismo, agricultura, manufactura, etc. Esta estructura generaría el mismo impacto que lograrían las agencias de publicidad privadas, pero ahorrándole al pueblo los millones de dólares que por lo general van a parar a los bolsillos de los dueños de estas agencias (que en realidad lo único que hicieron fue aportar a una campaña política) para poder vivir como reyes.
Esto es sólo un ejemplo que se puede aplicar al resto de las industrias que le proveen servicios al gobierno a cambio de jugosos contratos que promueven la explotación de sus trabajadores y el desenfrenado enriquecimiento de unos pocos. Tenemos que eliminar los donativos privados a las campañas políticas para divorciar a la empresa privada del estado. Esta nefasta unión lo único que logra es un mercado de influencias y corrupción o mínimamente convierte a Puerto Rico en un gigantesco casino político en el cual, si le apuestas al corrupto ganador, multiplicas tu dinero.

